jueves, septiembre 28, 2006

SITUACIONES TIPICAS: LA ESTAFA DE LAS OSTRAS


Culinariamente hablando Cartagena ofrece un generoso ramillete de opciones para satisfacer los más exigentes paladares de extraños y propios. La variedad de platos alcanza para todos los gustos, desde el buffet popular-criollo: arepa e huevo y demás fritangas, butifarra, el popular toxico (pan de dulce o sal, torreja de salchichón y bebida gaseosa), hasta lo mas sofisticado de la comida mediterránea, sin olvidar la china y la hawaiana (arroz, pasta, carne, pan y lo que sea con piña). Los precios soportan cualquier bolsillo, dependiendo claro está de los intereses y necesidades particulares de cada contexto. Con mil devaluados pesos se puede degustar de un exquisito tóxico en los barrios que componen el sistema urbanístico mejor conocido como “oriente”, pero esos mismo mil devaluados pesos le pueden significar tan solo el 30% del pago del parqueadero si asiste a uno de los finos restaurantes ubicados en la ciudad amurallada, donde puede degustar con toda la comodidad y etiqueta del caso de un suculento platillo de “ostras a la mantequilla de naranja o al hinojo”, cuyo valor oscila entre los $17.000 y $22.000 con entrada, postre, propina e IVA incluido.

Pero como el contraste y la relatividad son inherentes a nuestro mágico caribe, cualquiera que resida o visite a Cartagena fácilmente puede pagar un monto superior al precio señalado anteriormente para un platillo muy similar…. La situación es sencilla, imagínese que se encuentra sentado sol@ o acompañad@ en una silla rimax bajo la protección solar de una carpa, puede ser de mañana o tarde, el sol golpea fuerte y la playa se encuentra moderadamente llena, sin mayores problemas usted ha rechazado cualquier cantidad de ofertas de servicios personales, comerciales, místicos, ecológicos, musicales, alimenticios y demás prestaciones, provenientes de exóticas masajistas, vendedores de accesorios playeros (gafas, zapatillas de baño, bronceadores a base coco virgen, etc.), cantantes de vallenato que siempre cantan las mismas de siempre: oye bonita, amarte mas no pude, el cantor de Fonseca…, misteriosos pseudohippies con sus semillas para la paz, lectoras de carta, el refrescante raspao, el mango biche y la infaltable ensalada de frutas.

Hasta aquí todo va bien, pero de repente sobre su contorno visual aparecerá este personaje ante el cual su voluntad y capacidad de decisión -sobretodo para decir No- quedaran subordinadas a las habilidades lingüísticas y demás artimañas persuasivas de venta de los ostreros; quienes generosa y muy amablemente le ofreceran SIN COMPROMISO alguno una exquisita degustación de sus moluscos a la par de un protocolario apretón de manos. Ingenuamente usted aceptará catar gratuitamente la ostra, entonces nuestro amable vendedor sacará de un tanque donde se logra apreciar borrosamente el nombre de la marca de un aceite de cocina, una forma que asemeja una concha marina que a su vez deja visualizar miniprotuberancias cuyo contenido resguarda el contenido en oferta. Inútilmente usted tratará de aclarar el asunto, preguntándole el precio, a lo cual le pueden responder: “Tranquilo mi herman@, no le pare bola a eso” o “la chupada vale $500”… Pensando que todo está bien y con el negocio en las manos del ostrero, ahora este sacará de su tanque una tapa de limón y un frasquito con agua de ajo con lo que sazonará su estafa… cuando menos se de cuenta ya habrá chupado mas de 5 conchas (si usted es argentino no lo tome literalmente), cabe agregar que en la medida que ingiere las ostras, el vendedor lo motivará describiendole las propiedades afrodisíacas y reproductivas de su alimento.

Finalizado su consumo, nuestro ilustre personaje le dirá con toda la calma del caso: “Bueno amig@ me debe $25.000” Admirado y confundido usted le preguntara el porqué del precio si supuestamente era sin compromiso… “la primera era gratis, pero las demás no”¿Pero porque $25000 si cada ostra vale 500?... “500 cada chupadita” (aquí le señalará y le contará por lo menos 8 miniprotuberancias en una sola concha, que multiplicadas por el total de ostras consumidas ascenderá el precio a por lo menos $15.000). Total si usted resulta más hábil que el ingenioso vendedor terminará negociando y pagándole por lo menos $5000 o con mejor suerte ningún valor, pero si por el contrario se deja meter cuento del hombre, entonces podrá decirle a sus amigos, hijos y futuros nietos que alguna vez en una placentera instancia en las playas de Cartagena se dió el lujo de comer “ostras al jugo de limón con esencia de ajo” sin necesidad de ir a los lujosos restaurantes de la ciudad antigua y sin pagar parqueadero.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

jajaja, te juro que no pare de reirme, es tal cual lo que sucede, un beso atte: adry wolverine

Manuel dijo...

Para conocer mas a Cartagena solo hay que ver estos videos:

http://youtube.com/results?search_query=champeta

NICOLE dijo...

JAJAJA MUY CREATIVO Y LASTIMOSAMENTE ES ASI
BACANO!!!, TE FELICITO, POR TAN INIMAGINABLE INSPIRACION, SÉ QUE NO ES POR DENIGRAR A LA CIUDAD, SOLO ES POR MOSTRAR DE MANERA PEYORATIVA SU REALIDAD..
JEJEJE
NICOLE!!!

Anónimo dijo...

bien por tu aporte, eso sirve para que nadie que venga del extranjero o del interior como las ostras ofrecidas en la playa

el chan dijo...

Falto mencionar las palenqueras ofreciendo hacer trencitas

Saudade dijo...

Desafortunadamente los mismos ostreros y demás personajes lo que hacen es dañarse el negocio, se creen muy astutos tumbando a la gente, pero solo logran que después les cojan odio y no les compren nada.